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El GALLINERO

La Jamaica de los Quilichao

 
Jesús Albarracín | 18 de diciembre de 2018

Jesús Albarracín (GRJ)

Cali está muy cerca de Santander de Quilichao, una localidad en la que viven más de 95 mil personas. Entre todas ellas, hace ahora 32 años, irrumpía un niño con alma de delantero. Serio ante las cámaras, sonriente dentro del vestuario y esencial sobre el terreno de juego. Adrián Ramos volvió a manifestar una actuación de esas que decantan la balanza, de esas en las que sobrevuela la calidad en un escenario aguerrido. Las porterías se resistían a encontrar balones, el resultado podría haber reflejado un empate justo. Pero no, todos lo esperaban y se hizo de rogar. A menos de diez minutos para los noventa reglamentarios, Fede Vico vio el pase y del resto se encargó el ‘bendito’ delantero rojiblanco. El colombiano la bajó con el pecho, porque nadie le supera en aquello de ser una referencia aérea, para después revivir gustosamente aquel gol de Fernando Torres en Viena, hace ahora diez años.

Ramos recuerda a la reconversión que hoy simbolizan los nuevos ‘nueves’. Trabaja en defensa, participa en la elaboración del juego, esencial en las jugadas a balón parado y asociativo, muy participativo en todos los sentidos y caminos que dicta. Es uno de los futbolistas más queridos por sus compañeros, una apuesta firme para Diego Martínez. En la celebración del gol, todo  el equipo se lanzó al córner para abrazarle, para festejar con él un gol que vaticinaba la tercera victoria consecutiva del Granada y la posibilidad de volver a disfrutar del liderato en la Liga 123. Ramos y el fútbol, dos caminos que convergen y se entienden, dos mitades que llenan las esperanzas de volver a jugar en la mejor liga del mundo.

Varios aficionados achacaban desidia, desinterés por parte del colombiano en cuanto a jugar en Granada y hacerlo además en Segunda división. Ramos ha traducido esas críticas en una comunión a la que todos estamos invitados, porque trabaja, corre y además marca goles decisivos. Para devolver el cariño de los ‘Filipinos’, esa grada leal que sigue arropando al Granada, el último de la Jamaica de los Quilichao brindó el gol al cielo, recordando la iglesia de la Santísima Trinidad y se besó el escudo. Regaló el gol y se llevó una de las ovaciones más sonoras que se recuerdan en el estadio del granadino barrio del Zaidín. Ramos sonríe, la afición del Granada, también. Todo juntos, todo son bendicionesesta temporada.

@JesAlbarracin



 

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