¿Hormigo era la solución?
Pacheta optó por colocar al lateral zurdo en el centro del campo tras la lesión de Alemañ y no estuvo a la altura
El Granada CF convirtió el Día de Andalucía en una jornada de resaca anticipada. El derbi ante el Málaga CF terminó con derrota (0-1) y con un regusto amargo para una afición que vio cómo casi un tercio del ‘Nuevo Los Cármenes’ estaba teñido de blanquiazul. Los seguidores visitantes se hicieron notar, pero la hinchada rojiblanca respondió cuando su equipo más lo necesitaba. Otra cosa es que el equipo estuviera a la altura.
La previa ya apuntaba a riesgo alto. Recibir a un Málaga al alza sin dos de los tres centrocampistas titulares —Rubén Alcaraz y Sergio Ruiz— parecía una invitación al desequilibrio. La sombra de Alcaraz, ausente pero omnipresente, volvió a planear sobre el césped. Pacheta decidió romper el trivote que le había dado estabilidad desde la victoria en Cádiz. El experimento no fue un desastre en la primera mitad: Alemañ e Izan González sostuvieron la zona ancha con criterio. Pero Arnaiz, desplazado por dentro, volvió a diluirse. Mucho movimiento, poca influencia.
El punto de inflexión llegó con la lesión de Pedro Alemañ. El alicantino es el faro del Granada y, cuando se apagó, llegó la penumbra. La decisión de sustituirlo por Diego Hormigo abrió más interrogantes que soluciones. El lateral zurdo, que ni siquiera es titular en su posición natural, pasó a ocupar un rol por delante de la defensa que pedía otra jerarquía. Gadnidze y Manu Trigueros se quedaron en el banquillo. Incluso la opción de Diaby como pivote —posición en la que ya ha actuado— parecía más coherente que improvisar en el derbi. Pacheta había deslizado esa posibilidad en la previa y, si la trabajó durante la semana, el resultado no lo avaló.
El triple cambio - Trigueros, Rodelas y Lemos -, reactivó al equipo durante unos minutos. El Granada tuvo dos ocasiones claras para abrir el marcador: el resbalón de Sola cuando estaba solo ante el portero y el cabezazo de Trigueros, a centro preciso de Rodelas, que el meta visitante desvió a córner. Pero cuando se juega al límite sin red, el precio suele pagarse caro. En una acción, Larrubia aprovechó un rechace del meta local para firmar el único gol del partido. El Málaga, práctico y sin alardes, se llevó el botín completo.
Mientras tanto, en el otro banquillo,Juan Francisco Funes ofreció u na lección de templanza. El técnico lojeño, que ha cambiado la cara al conjunto malaguista, no celebró el gol con estridencias cuando su banquillo estalló de alegría. En sala de prensa estuvo sobrio, claro y elegante. No esquivó preguntas ni buscó excusas. Un señor en el fondo y en las formas.
El Granada, en cambio, volvió a evidenciar que la intención no basta y que la improvisación en partidos grandes suele salir cara. La afición cumplió. El rival también. Falta que el equipo deje de tropezar siempre con la misma piedra. Adiós a la racha de once partidos sin perder como local.


