1.620 kilómetros y 23 horas en dos autobuses llenos de sueños granadinistas

Se cumple un año del viaje más largo e ilusionante que protagonizó una afición para ver a su equipo jugar una semifinal de Copa en La Catedral del fútbol español

Fran Calvo  |  12 de febrero de 2021
La expedición granadinista rebosaba ilusión en aquella bendita odisea de 29 horas hace justo un año
La expedición granadinista rebosaba ilusión en aquella bendita odisea de 29 horas hace justo un año

La palabra “sueño”, en una de sus dos vertientes gramaticales, tiene como sinónimos a los términos deseo, aspiración, fantasía, utopía, visión, ideal, anhelo… Pero, durante el día 12 de febrero de 2020 sumó al diccionario un vocablo más: Granada. Hace justo un año, a estas horas partían desde la esquina donde se sitúa la actual tienda oficial del `Nuevo Los Cármenes´ dos autobuses para transportar a un centenar de granadinistas hacia el sueño de toda una vida, la semifinal de la Copa del Rey. La única final en los casi 90 años de vida del club la pudieron disfrutar tres generaciones atrás, porque a las venideras les tocó sufrir en los infiernos del fútbol. Sin embargo, algo había cambiado en la ciudad de la Alhambra.

Después de la épica clasificación a esta ronda ante el Valencia, el sorteo deparó que fuera la entidad copera por excelencia, el Athletic Club, el rival del Granada en el penúltimo paso para alzarse con el primer gran trofeo de su historia. Con un margen de cinco días entre la decisión y el partido de ida, que sería en Bilbao, a 810 kilómetros de distancia, a la Federación de Peñas le tocó ponerse manos a la obra y organizar tal desplazamiento a contrarreloj.

El resultado de dicho esfuerzo fue la presencia de unas cien personas portando atuendos rojiblancos en los aledaños del coliseo zaidinero antes de las 6 de la mañana un miércoles laborable. Llenaron de ilusión dos autobuses durante doce horas de largo viaje, aunque el famoso “carretera y manta” pasó a ser “carretera y sueños”. El destino final no era ni el municipio toledano de Ocaña ni el `Wanda Metropolitano´, aunque fueron de parada obligada, porque más valientes se sumaron a esta locura. Bendita locura.

 

Los paisajes pintados de verde auguraban la llegada a una ciudad teñida de rojiblanco por los cuatro costados. Con los pies ya en tierras vascas, que fueron pisadas apenas dos horas y media antes del comienzo del partido, un momento espectacular dio la bienvenida al granadinismo. Bilbao ardió, literalmente, en la llegada de su equipo al Nuevo `San Mamés´. Y en la Calle Licenciado Poza no cabía un alfiler.

La derrota por la mínima en el partido no hizo mella en la moral de todas aquellas personas situadas en una de las esquinas superiores de San Mamés. A pesar de que el rugido de La Catedral era algo ensordecedor, los fieles nazaríes no cesaron en su apoyo. Incluso, las caras en los autobuses en el momento de emprender el viaje de vuelta reflejaban la misma sonrisa que dieciséis horas antes. Cansancio, sí, pero con mentalidad de una remontada que se quedó a las puertas de certificarse posteriormente. Pero, aquel gol de Yuri en la vuelta no hizo más que avivar la llama del sueño, y fue el lunar de una conexión absoluta entre equipo y afición.

 
`San Mamés´ fue una fiesta absoluta (FRAN CALVO)
`San Mamés´ fue una fiesta absoluta (FRAN CALVO)

Daniel Hurtado, Presidente del G19 y gran culpable de que la organización y el buen ambiente reinara aquel día, agradeció que “la vida a veces te permite soñar”, y a pesar de que ese sueño se rompiera el 5 de marzo, “volvería a vivir una y mil veces esa experiencia”.

Y es que los protagonistas no sólo estuvieron presentes en el terreno de juego, sino también en la grada. También coincide con él Lidia, ya que no duda en que “lo repetiríamos de nuevo”, y recuerda “la ilusión que teníamos todos, los nervios que pasamos, y por supuesto la paliza tan grande que nos dimos”.

En su vehículo también iba Salva, que aún tiene “marcado a fuego” todos los detalles de aquella magnífica vivencia: “el ambiente, los alrededores del estadio, la entrada a un estadio que apretaba tantísimo desde un principio, y las cábalas que hacíamos a la vuelta augurando cómo iba a estar Pintor Maldonado tres semanas después”. El enorme viaje y las pocas horas de sueño al día siguiente fueron lo de menos porque “por el Granada, todo. Fue uno de los mejores desplazamientos en la historia de nuestra peña”.

El otro autobús, quizás algo más sosegado en cuanto a exaltación, los aficionados iban acompañados por algunos compañeros de prensa. Uno de ellos era Manu Ruiz, quien considera que los “más de 1.600 kilómetros en 24 horas no fueron rival suficiente contra la enorme ilusión que se respiraba rumbo a una cita histórica”. Algo que “quedará para siempre en la retina de todos los granadinistas”. Bien cierto que es.

Para Antonio, `Boly´ en su peña, de la cual fue el único en emprender la aventura, fue “una de las mejores experiencias de mi vida. El resultado y tantos kilómetros fue lo de menos”. Y reconoce que quedó “alucinado con el despliegue previo al partido, ver aquella bombonera a rebosar y la expectación que levanta la Copa en Bilbao”.

Un pasaje más en la vida de estas personas, pero no uno cualquiera. Aquel 12 de febrero de 2020 pudo significar un antes y un después en el sentimiento de granadinismo para el centenar de fieles que decidieron colgarse la mochila un miércoles de madrugada y emprender una pericia que bien merecía este pequeño reconocimiento por parte del servidor que escribe. Que también, sin dudarlo, volvería a repetirla desde el momento en que puso sus pies junto al resto de valientes en Granada a las once de la mañana del día siguiente. 1.620 kilómetros repartidos en 23 horas de un miércoles y jueves laborables. Cómo merecieron la pena. Y que rápido se pasaron.

@Francalvo1996

francalvo@granadaenjuego.com

 
 
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