Una despedida emotiva y nostálgica

Alberto Medina  |  24 de enero de 2012
Fabri, en el balcón del Ayuntamiento, celebrando el ascenso
Fabri, en el balcón del Ayuntamiento, celebrando el ascenso

El adiós de Fabri González supone la despedida de un técnico que ha contribuido con dos ascensos consecutivos a escribir parte de la historia dorada del Granada. Un estratega empeñado en vivir el presente con una doctrina basada en el respeto, la humildad y el trabajo. Una salida nostálgica, pero con el placer que produce marcharse con el trabajo bien hecho

 

Fabricano González “Fabri” aterrizaba en Granada un 22 de marzo de 2010 sin ser consciente de que en la capital nazarí le aguardaban sus mejores momentos como profesional. Un viajero del fútbol que supo embarcarse en un ambicioso proyecto hasta el punto de ser uno de los culpables de que la afición rojiblanca haya vuelto a disfrutar de la Primera División. Un estratega capaz de implantar con éxito una doctrina futbolística basada en tres fundamentos básicos: respeto, trabajo y humildad. Los mismos principios que le permitieron transmitir un carácter ambicioso y competitivo a un equipo creado exclusivamente para alcanzar grandes metas.

El escueto estadio de ‘Santo Domingo’ de Alcorcón fue el escenario que le permitió comenzar a escribir su primera página dorada en la historia rojiblanca. Un rival duro y una batalla de dos partidos a vida o muerte que el técnico lucense dirigió con maestría impulsando al Granada al fútbol profesional.

Fue la base de un proyecto cuyo máximo esplendor se alcanzaría en la temporada siguiente. Un duro comienzo lleno de dudas que cuestionaron su capacidad como técnico en la división de plata, no fue impedimento para que Fabri se ganara la confianza de toda una ciudad a base de ilusionantes victorias. Un técnico capaz de encontrar la estrategia perfecta para dejar en evidencia a un Betis que llegaba a Granada como líder arrollador, o de imponer un meteórico estilo de contragolpe capaz de fulminar el impecable juego de un imparable filial azulgrana. Fueron algunas de sus gestas más sonadas en un estadio repleto de incondicionales seguidores rojiblancos que le prestaron su ayuda contribuyendo a llevar en volandas a un equipo sin freno.

Pero la gloria definitiva esperaba en tierras alicantinas y tenía sabor a ‘liga de las estrellas’. La victoria en una eliminatoria de infarto ante un histórico Celta de Vigo dejó a Fabri a dos pasos del sueño más deseado para un técnico acostumbrado a retos menores. Un técnico empeñado en vivir el presente, en caminar partido a partido y en labrar día a día los resultados del futuro.

A tanto trabajo le aguardaba una recompensa, fruto de una última y superior batalla a la de ‘Santo Domingo’ y en un estadio no precisamente tan escueto. El ‘Martínez Valero’ de Elche coronaba a un equipo que regresaba treinta y cinco años después al lugar del que nunca debió salir. Una película con final feliz y un director llamado Fabriciano González que aparecía en todas las portadas con dos ascensos consecutivos como cartel de presentación. “Sé que había mucha gente en Granada que quería vivir esto”. Así fue el comienzo de una inolvidable rueda de prensa que tan solo estuvo empañada por sus emotivas lágrimas de felicidad.

Su continuidad al mando del equipo estaba garantizada, pero la ley del fútbol siempre acecha con hacerte pasar por lo mejor y lo peor. Una nueva etapa marcada por un duro inicio superado con las grandes hazañas de 'San Mamés' o el 'Sánchez Pizjuán'. Una victoria ante un inspirado Levante que devolvía la paz justo con la llegada de la Navidad. Un comienzo de año ilusionante que permitió a Fabri disfrutar del 'Santiago Bernabéu' y del espectacular apoyo ofrecido aquella noche por la hinchada nazarí, sin sospechar que días después la impecable relación técnico-vestuario comenzaba a presentar profundas grietas agravadas con la visita del Rayo Vallecano y quebrantadas definitivamente en Cornellá. El resultado sería la imagen de un equipo con la identidad perdida que propiciaría un cambio de rumbo cuyo final más inmediato sería su destitución.

“Vine un día de noche, calladito, y cuando me vaya lo haré de la misma forma”. Estas fueron las palabras que había pronunciado días antes de su cese un técnico que podrá presumir de haberse marchado sin haber sido ‘pitado’ por su grada. Fabri quería salir de la misma forma que llegó: sin hacer ruido. Pero el cariño de la gente cambió su guión final y su adiós no fue precisamente silencioso. Fabri se fue en medio de un interminable aplauso brindado por una abarrotada sala de prensa y en medio de los agradecimientos, besos y abrazos de centenares de personas que quisieron premiarle por su trabajo.

Numerosas muestras de cariño que se llevó de la que al fin y al cabo había sido su gente durante dos años. Una emotiva y gran despedida para un entrenador que ha hecho historia en el club y cuya figura seguirá creciendo con el paso del tiempo.

amedina@granadaenjuego.com

 
 
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