Un estudio de la UGR desmonta el mito de que el esfuerzo mental previo empeora el rendimiento deportivo

La investigación concluye que las tareas cognitivas exigentes no reducen el rendimiento físico y revela que la experiencia mental va mucho más allá de la fatiga

Redacción  |  22 de julio de 2026
Una mujer haciendo atletismo (UGR)
Una mujer haciendo atletismo (UGR)

Una investigación liderada por científicos vinculados a la Universidad de Granada (UGR) cuestiona una de las creencias más extendidas en las ciencias del deporte: que realizar una tarea mental exigente antes del ejercicio físico perjudica el rendimiento deportivo. Los resultados muestran que, pese a que las personas perciben un mayor cansancio mental, este no se traduce en un peor desempeño físico ni afecta de forma significativa a la percepción del esfuerzo o a la respuesta fisiológica durante el ejercicio.

El trabajo ha sido dirigido por Darías Holgado, doctor por la UGR e investigador de la Universidad UniDistance Suisse, en colaboración con Daniel Sanabria, investigador del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la Universidad de Granada.

La fatiga mental no explica por sí sola el rendimiento

Según explican los investigadores, los estudios realizados hasta ahora asumían que una tarea cognitivamente exigente generaba una fatiga mental que terminaba afectando al rendimiento deportivo. Sin embargo, la evidencia obtenida en esta nueva investigación apunta en otra dirección.

 

En el experimento más reciente, los participantes sí manifestaron sentirse mentalmente cansados tras completar la tarea cognitiva, pero los investigadores comprobaron que esa experiencia era mucho más compleja de lo que tradicionalmente se había considerado.

Durante el desarrollo de la actividad mental aparecieron distintos estados psicológicos, como concentración, aburrimiento, frustración, esfuerzo o divagación, que fueron cambiando con el paso del tiempo y variaron de una persona a otra.

Una posible "profecía autocumplida"

Holgado y Sanabria plantean además que parte de la literatura científica previa podría haber estado condicionada por la forma en la que se evaluaba a los participantes.

Los investigadores explican que, habitualmente, tras realizar la tarea mental únicamente se preguntaba a los participantes por su nivel de fatiga. En su opinión, este procedimiento podría favorecer una especie de "profecía autocumplida": si el estudio parte de la hipótesis de que el esfuerzo mental genera cansancio y la única variable que se mide es precisamente ese cansancio, resulta más fácil atribuir cualquier cambio posterior a la fatiga mental.

Sin embargo, advierten de que el rendimiento también puede verse condicionado por otros factores psicológicos como la motivación, el aburrimiento o el hartazgo, y no únicamente por la sensación de agotamiento.

Un nuevo enfoque para futuras investigaciones

A la vista de estos resultados, los autores proponen ampliar la perspectiva con la que se estudia el impacto del esfuerzo cognitivo. En lugar de centrar el análisis exclusivamente en la fatiga mental, consideran necesario evaluar el conjunto de experiencias psicológicas que experimentan las personas mientras realizan tareas exigentes.

Este cambio de enfoque podría tener importantes repercusiones en campos como la psicología, las ciencias del deporte y la investigación sobre el rendimiento humano, al ofrecer una visión más completa de cómo responde la mente ante el esfuerzo.

"Después de todo, la mente rara vez funciona de forma tan simple como pensamos", concluyen Darías Holgado y Daniel Sanabria, cuyos hallazgos invitan a replantear algunas de las teorías más aceptadas sobre la relación entre el esfuerzo mental y el rendimiento deportivo.

 
 
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