Pase al hueco

Aires renovados

Santiago Martos  |  3 de abril de 2022  |  @Martosms
Santiago Martos
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Con Torrecilla soplan aires nuevos. El extremeño se muestra como hombre de club, de los que saben muy bien cómo funciona el engranaje del motor futbolero. Además de los conocimientos tácticos y estratégicos que se les presuponen a todos los técnicos, hay otras cualidades que son también muy necesarias y que se echaban en falta. Son aquellas basadas en valores propios de este deporte y que son intangibles, a veces etéreas y otras erróneamente tratadas como superfluas, pero que conforman el aliño necesario para que el plato quede redondeado y perfecto al paladar.

No sabemos lo que pasará de aquí a final de temporada. La nueva dirección está en ciernes y ha cogido los mandos de una aeronave que estaba en barrena. El tiempo dirá si se consigue enderezar o no. Más allá de esto, cabe lugar para la esperanza. Lo hemos visto en Mendizorroza, lo vemos en los entrenamientos y nos lo cuentan los compañeros de la prensa deportiva. Lo del partido frente a los babazorros sí ha sido trascendental, además de los tres puntos vitales, el equipo supo reponerse a todas las adversidades frente a un rival llevado en volandas por su afición, que no cesa ni un minuto.

En tan poco tiempo este Granada ha ganado en autoestima, en compromiso y en identidad y, sobre esa base, el míster (y nuestro Diego Mainz que todo hay que decirlo) ha tenido claro cómo quiere que sea su equipo en el terreno de juego. Porque, aparte de las cuestiones psicológicas y de actitud de algunos jugadores, ese era el otro gran problema, saber qué queremos hacer con la pelota y sin ella. Es la parte más difícil, máxime cuando tienes delante de ti un grupo de jugadores desorientados, apocados y faltos de soluciones y salidas cuando los planes no salen como se entrenan, o se enfrentan a conceptos del juego que no dominan o para los que no están preparados. Y para rematar, con los perseguidores en zona de descenso echándote el aliento en el cogote.

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El primer objetivo creo que se ha conseguido recuperando la identidad de lucha eterna, de darlo todo y de que el marcador o las circunstancias no se adueñen de tu estado de ánimo. El “Seguimos, seguimos…” gritado desde la banda cuando encajas cobra fuerza y credibilidad, se respira ese aire de sacrificio y no de resignación, esa rabia y exigencia y no la apatía y el desánimo, el aceptar una derrota pero no el que se produzca de cualquier manera sino haciendo sudar sangre al rival. Estas cosas las percibe el aficionado también desde la grada o el televisor y, entonces, se produce la magia; esa en la que comulgan aficionados y equipo, y en la que una ciudad entera afina gargantas y se identifica de nuevo con los suyos, preparándose para, todos juntos y a una, darlo todo hasta final, se consiga o no.

El domingo tenemos otra reválida frente al Rayo. Los vallecanos buscan en nosotros el analgésico para sus achaques ligueros, presentándose en Los Cármenes con un bagaje discreto y algo preocupante resultado de bastantes jornadas no traduciendo sus comparecencias en puntos. Como frente al Alavés, al Granada esta victoria le supondría tener la permanencia otro pasito más cercana y, de camino, hacerle al rival meterse de lleno en el barrizal de los que luchamos por no bajar. Sin embargo, las consecuencias de una derrota o empate, no respetarían la proporcionalidad en negativo, sino que entraríamos, de nuevo, en un daño que aumenta de forma exponencial.

 
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