Los héroes de una temporada histórica: Diego Martínez
El héroe del granadinismo. Siempre será recordado por ser el técnico del mejor Granada de la historia, que lo ha llevado de su mano a Europa con una gestión espectacular
Diego Martínez
`Don´ Diego Martínez Penas, el entrenador que cambió la historia del Granada CF se ha convertido en uno de los hombres de moda del fútbol español tras, en dos años, llevar al equipo de Segunda División a unas semifinales de Copa y la primera clasificación europea en los 89 años de vida de este club. Un club que, hace apenas un quindenio merodeaba por los campos de tierra de la Tercera División, intentando sobrevivir a las adversidades que se le planteaban temporada tras temporada.
El técnico vigués, granadino de adopción, y leyenda de por vida, ha conseguido formar un increíble grupo de futbolistas, pero, sobre todo, de personas. Un equipo que quedará para el recuerdo como el mejor Granada de la historia. Quién le iba a decir, cuando comenzó su carrera en distintos equipos de la provincia, o incluso, a principios de la temporada, que lograría todo lo que se ha conseguido.
Quizás al escuchar la frase “partido a partido” dentro del ámbito futbolístico se relaciones directamente con otro entrenador, pero este Granada lo ha llevado a cabo fielmente desde el minuto uno de la primera jornada. Siempre con los pies en el suelo y la permanencia como objetivo principal, semana tras semana el conjunto rojiblanco demostró poder competir en cada encuentro, ante el rival que fuera, y en cualquier campo. Sí, un recién ascendido.
El empate a cuatro en Villarreal reflejó en la apertura de LaLiga a la perfección lo que sería este grupo. Sobreponerse a los golpes recibidos, remando a contracorriente, y nunca perdiéndole la cara al resultado, adaptándose a todo tipo de circunstancias. Es por ello que, con muchísima razón, el preparador adoptó la expresión de “camaleónico” para este equipo, justificando con creces que, dentro de un mismo partido, pueden llegar a jugar muchos partidos diferentes.
Un arranque espectacular, con dos victorias a domicilio consecutivas ante Celta y Espanyol, y, sobre todo, frente al Barcelona. En la jornada diez, los tres puntos cosechados contra el Betis pusieron líder al Granada al término de la misma. La comunión entre equipo y afición comenzaba a fraguarse.
Quizás la racha más complicada, en cuanto a resultados, transcurrió entre noviembre y diciembre, donde el Granada sólo sacaría cuatro puntos en la competición doméstica a lo largo de ese tiempo. Las lesiones de Germán y Montoro mermaron al plantel nazarí, pero se sobrepusieron con la llegada del nuevo año, cuando el primer choque de 2020 frente al Mallorca en Los Cármenes volvió a levantar el vuelo de este equipo.
El calendario en el arranque de la segunda vuelta fue caprichoso, y los rojiblancos afrontaron tres salidas a los campos de Sevilla, Barcelona y Atlético de Madrid, donde se compitió, como siempre, pero finalmente no se pudo puntuar. En casa, las remontadas ante Espanyol y Valladolid, esta última apoteósica, sí daban el premio merecido al enorme esfuerzo.
Entre medias, la Copa del Rey. Qué Copa. Los granadinistas iban esquivando peldaños sin hacer ruido, y, tras aquella memorable eliminatoria de cuartos donde eliminó al Valencia en el último minuto, se plantaban en semifinales con la opción de alcanzar una final por segunda vez. El desenlace con el gol de Yuri a falta de nueve minutos es conocido por todos, pero ese partido, ese día, y esas semanas previas, marcaron un antes y un después en la vida del club, y de miles de granadinos.
Nunca antes se había vivido algo así en la ciudad. Tampoco en las eliminatorias de ascenso a Primera en 2011, que tuvieron un ambiente infernal, sí, pero en esta ocasión, este equipo dirigido por Diego Martínez creó escuela, inculcó a muchos niños la pasión rojiblanca, y acabó forjando por completo ese hilo que se creó con la afición. La ciudad se engalanó de banderas, los autobuses urbanos mostraban mensajes mensajes de apoyo al equipo en búsqueda de una remontada que a punto estuvo de alcanzarse… Se respiraba granadinismo puro por cada rincón de la ciudad y de la provincia.
Ese gol del lateral athleticzale Yuri, sobre todo en caliente, sentó como un jarrón de agua congelada eterno para los presentes aquella noche del 5 de marzo en Los Cármenes (excluyendo, naturalmente, al Athletic y sus aficionados). Pero, en frío, hay veces que se dice que levantar una copa es un sueño, pero ganarse el respeto y la admiración a través de la humildad y el sacrificio, puede ser más importante. Este Granada no alzó ningún trofeo. Es más, no disputará la final. Pero, ¿y lo que se vivió? ¿y lo que se forjó? El Granada de Diego Martínez ganó mucho más que un título aquella noche, aquel día, y aquellas semanas.
El golpe fue duro, pero todavía quedaba mucha campaña por delante, y el fútbol le debía una a este equipo. A domicilio, tras la derrota en el Wanda Metropolitano, llegó la goleada en Pamplona. Un inicio de siete partidos fuera de Los Cármenes sin perder.
La etapa post confinamiento hizo sacar todo lo que le quedaba dentro a cada uno de los miembros del club. Tal y como afirmó el técnico, había que hacer “encaje de bolillos” jornada tras jornada para confeccionar un once, y las constantes bajas, tampoco ayudaban.
El desgaste físico, y, sobre todo, mental, al que se sometió el equipo no impidió hacer lo que se hizo. El punto en Leganés lo convirtió en el Granada con mayor puntuación de las 24 campañas que, hasta el momento, había militado en la máxima categoría. Posteriormente, la victoria en Mendizorroza certificó la permanencia matemática, dio paso y licencia para seguir soñando con menos presión, y las cosechadas en San Sebastián y Mallorca catapultaron a un equipo que estaba destinado a entrar en los anales nazaríes. El resto, en la última jornada contra el Athletic, es historia.
No hay que olvidar que, junto a Diego Martínez, también merecen una mención igual de destacable todos sus compañeros del staff técnico: Raúl Espínola (segundo entrenador), Víctor Lafuente (preparador físico), Juan Carlos `el pescao´ Fernández (entrenador de porteros), Álvaro García y Jesús Roche (analistas), Jesús Pérez y Antonio Saúl Hidalgo (utilleros), el cuerpo médico formado por Dioni González (coordinador), Felipe Segura (doctor), Alberto Lara, Alberto Vera y Juan Sánchez (fisioterapeutas), y José Molina (readaptador). Y, por supuesto, el hombre que, posiblemente, más se haya merecido vivir todo lo ocurrido, un tal Manolo Lucena, delegado, gestor de grupo, compañero, capitán, y profeta en su tierra.
Ahora, sin apenas descanso y tiempo para asimilarlo todo, el Granda vuelve a estar en manos de Diego Martínez preparando la temporada más ilusionante de su historia y su aventura continental. El técnico, que volverá a ser el más joven de Primera División a sus 39 años, tiene contrato hasta el verano que viene. Pero, la futura cara de la `Puerta de los entrenadores´ del Nuevo Los Cármenes es feliz en Granada. Y Granada es mucho más feliz con él.
@Francalvo1996
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