Pacheta echa el cerrojo
Segunda portería consecutiva sin encajar para los rojiblancos que firman un buen inicio de liga
Si no encajas, al menos el empate lo tienes garantizado. Parece una obviedad de libreta de entrenador, pero en este Granada de Pacheta se ha convertido casi en plan de negocio: primero cerrar la persiana, luego ya veremos si llega el gol, el milagro o una jugada a balón parado.
El equipo todavía está en obras —con andamios, polvo y algún que otro cable suelto—, pero su entrenador parece tener claro dónde no puede fallar la cimentación. Cuatro bolos de pretemporada sin recoger balones de la red, una visita al Carlos Tartiere sin sobresaltos en la portería propia y, ante el Real Mallorca, otra tarde de Lizoain con pocos motivos para manchar los guantes. Hubo algún susto, claro. Porque el fútbol sin sustos no sería fútbol; sería una reunión de vecinos.
Una defensa con oficio
Manu Lama y Bourama empiezan a entenderse con una naturalidad poco habitual para una pareja que, sobre el papel, aún tiene mucho margen de crecimiento. Uno aporta jerarquía y el otro juventud, piernas y hambre. Juntos han conseguido que los delanteros rivales parezcan más preocupados por localizar el balón que por atacar el área.
En los laterales, Sergio López y Diallo no se reservan nada para el minuto 90. Corren, corrigen, cierran y vuelven a correr. Por delante, Rubén Alcaraz y Gumbau hacen ese trabajo que rara vez luce en los resúmenes, pero que permite a los centrales dormir con algo menos de ansiedad.
La fórmula, de momento, funciona: línea de cuatro compacta, centro del campo solidario y un equipo dispuesto a trabajar sin preguntar demasiado por la hora de salida.
Optimismo, pero sin montar la Feria
El Granada ha medido fuerzas con dos equipos recién descendidos y llamados a pelear por el ascenso. Del examen salen con un empate fuera y una victoria en casa. Siete puntos no son, porque esto acaba de empezar, pero sí dos resultados que permiten mirar la clasificación sin necesidad de entrecerrar los ojos.
Conviene, eso sí, no convertir dos partidos en una trilogía épica. En Granada tenemos cierta tendencia a pasar del “esto no tiene arreglo” al “subimos en abril” con la velocidad de un cambio de emisora de radio. Ni una cosa ni la otra: hay motivos para creer, pero también mucho equipo por construir.
El ruido de la semana
Curiosamente, la previa estuvo menos ocupada por el potente Real Mallorca que por todo lo demás. Los terremotos amenazaron con decidir si había partido, mientras el mercado agitaba los nombres de Óscar, el Rayo, Zinebi y el Madrid. Lo habitual: en pleno agosto, media ciudad pendiente de fichajes, movimientos y rumores.
En medio de ese ruido, el Granada salió al césped y pareció un bloque. No perfecto, ni mucho menos, pero sí reconocible. Todos a una, todos corriendo, todos ayudando. Pacheta debe de estar satisfecho con la respuesta de los suyos, contento. Y Michael Schwimer, futuro propietario y espectador desde el palco, habrá tomado nota: quizá no haya fuegos artificiales todavía, pero al menos la casa empieza a tener puerta, cerradura y sobre todo cerrojo.
"Este partido se lo íbamos a brindar a la afición y así ha sido", ha destacado el técnico
Para el técnico visitante el Mallorca "no se ha visto superado





