Deporte Adaptado

Héctor Esturillo y la tiranía del oro

Marina Redondo  |  8 de julio de 2026
Marina Redondo (GRJ)
Marina Redondo (GRJ)

El deporte tiene una extraña costumbre. Después de cada competición, la atención suele dirigirse casi de forma exclusiva hacia quien ocupa el primer escalón del podio. El resto de resultados pierde fuerza con rapidez, como si el éxito sólo pudiera medirse a través del oro. Esa forma de entender la competición resulta tan habitual que, en ocasiones, impide valorar actuaciones que merecen el mismo reconocimiento.

El Campeonato de España de Ciclismo Paralímpico celebrado en Melilla deja un ejemplo que invita a esa reflexión. Héctor Esturillo ha conseguido dos medallas de plata, una en la contrarreloj y otra en la prueba en línea. Dos pruebas diferentes, dos jornadas de competición y un mismo desenlace. Más allá del color de las medallas, el resultado confirma la capacidad del ciclista para mantenerse entre los mejores de España.

Conviene detenerse en ese dato. Un campeonato nacional no premia la casualidad. Exige preparación, constancia y la capacidad de responder cuando aumenta la exigencia. Subir al podio una vez ya supone un mérito extraordinario. Repetir ese rendimiento en dos especialidades distintas demuestra una regularidad que también define a los grandes deportistas.

 

Sin embargo, el debate deportivo continúa demasiado condicionado por el primer puesto. Se habla de vencedores y, con frecuencia, se olvida a quienes también han alcanzado un nivel de excelencia. Esa visión empobrece el relato deportivo porque reduce toda una competición a un único resultado.

El deporte paralímpico conoce bien esa realidad. Sus protagonistas acumulan éxitos que no siempre reciben la atención que corresponde a su dimensión deportiva. No se trata de reclamar un trato diferente, sino de aplicar el mismo criterio que se utiliza con cualquier otra disciplina. Si un doble subcampeonato de España merece reconocimiento en cualquier modalidad, también debe recibirlo en el ciclismo paralímpico.

Las dos medallas de plata logradas por Héctor Esturillo en Melilla no representan un éxito menor. Reflejan el trabajo necesario para competir al máximo nivel y la capacidad para responder en una de las citas más importantes del calendario nacional. También recuerdan que el deporte no debería juzgarse únicamente por quién gana, sino por la calidad de las actuaciones que deja cada competición.

Quizá haya llegado el momento de revisar la forma en la que contamos el deporte. El oro seguirá siendo el objetivo de todos, pero la excelencia no siempre ocupa el primer escalón del podio. A veces también se encuentra en quienes, como Héctor Esturillo, demuestran durante todo un campeonato que pertenecen, por méritos propios, a la élite de su disciplina.

 
 
OPINIÓN
Arturo Ruiz, previa San Pablo Burgos
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