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El once del gasógeno - Capítulo 1

El fútbol en Granada después de la escabechina

 
José Luis Ramos Torres | 30 de marzo de 2016

Primera página de Patria de 2 de abril de 1939

En 1939, una vez transcurridos los tres años de supresión de la vida civil que significó la guerra, afortunadamente toca volver a la normalidad. Y dentro de esa normalidad se encuadran todas las actividades de ocio, a las que se entregan los granadinos con entusiasmo. El fútbol es una de ellas y se puede decir que hay hambre balompédica de ver otra vez a la muchachada recreativista llenando las tardes de domingo y escribiendo nuevas páginas gloriosas. Pero el Recreativo estaba en el momento en que la militarada se convirtió en sangrienta guerra civil atravesando la peor época de su corta vida, casi sin directivos ni futbolistas y sin una peseta, y con su futuro más inmediato muy en el aire. Así, se preguntan los futboleros locales nada más terminar la contienda, si el Recreativo volverá por sus fueros o por el contrario, se retomará la situación que lo caracterizaba en la primavera-verano de 1936, cuando las deudas que arrastraba ponían en duda su continuidad. Será ésta una incógnita que no se despejará hasta bien avanzado el verano de 1939.

Sólo diez días antes de que empezara todo, el 8 de julio de 1936, ajenos a lo que estaba trágicamente a punto de desencadenarse, los integrantes de la junta gestora o comisión ejecutiva que acababan de hacerse cargo del Recreativo cuando nadie quería saber nada de él (Martín Campos, Paco Cristiá y Jerónimo Vida), pensando en la planificación de la temporada venidera, la 36-37, hacían público un largo comunicado a la afición en el que daban a conocer entre otras cosas, que se habían visto obligados a licenciar a la práctica totalidad de la plantilla (sólo quedaban dos jugadores) y que en el club no había nada más que deudas, pero aseguraban que el Recreativo no iba a desaparecer, al contrario, pronto volverían los días de esplendor y en esos momentos se estaba estudiando la ampliación de Los Cármenes. 

Aunque algo pudieran barruntar de lo que se venía encima, puesto que el pronunciamiento que se preparaba era casi un secreto a voces, lo que no podían saber esos escasos directivos que le quedaban al Recreativo era que no habría temporada 1936-37 ni tampoco las dos siguientes.

Desde esa última nota deportiva aparecida en un periódico granadino el 8 de julio de 1936, los diarios no vuelven a hablar de deporte alguno hasta tres años después, excepción hecha del partido que se jugó en Los Cármenes en 1938, en plena guerra y con fines más propagandísticos que deportivos, en el que un equipo improvisado bajo el nombre de Recreativo jugó contra una selección de la zona franquista. 

Es el 14 de mayo de 1939, poco más de un mes después de acabada la guerra, cuando en Patria se puede leer en la sección Mundillo Deportivo que el Ayuntamiento que preside Gallego Burín prepara para las cercanas fiestas del Corpus la celebración de varias competiciones deportivas y entre ellas un partido de fútbol, como venía siendo costumbre cada Corpus desde hacía bastantes años. Se enfrentarán el Sevilla y el Ceuta (finalmente quien vino fue el Betis en lugar del Sevilla). El Recreativo no desaparecerá, dice la misma noticia, al contrario, es este club el que organizará el partido de las fiestas y además está en esos momentos realizando obras de acondicionamiento de Los Cármenes. Recordemos que el Recreativo había licenciado a todos sus jugadores (excepto dos) poco antes del comienzo de la guerra, así que en estos momentos no tiene futbolistas. Por esa razón son dos equipos forasteros los que disputan la Copa Granada.


El partido de las fiestas se jugó el viernes 9 de junio y lo ganó 2-1 el Ceuta Sport, de segunda, al Betis, que militaba en Primera División pero no se empleó. Arbitró Bombillar. Poco público acudió a Los Cármenes y según las crónicas el partido fue bastante aburrido.

Pero a pesar de asegurarse en la prensa la no desaparición del Recreativo, tendrán que pasar todavía dos meses de incertidumbres, hasta primeros de agosto de 1939, en que  se pueda leer en Ideal la noticia que se abre con el encabezamiento: «El Recreativo de Granada gestiona su incorporación al deporte nacional». En el cuerpo del breve de Ideal se dice que próximamente se van a reunir los antiguos directivos para cambiar impresiones y llegar a las soluciones más beneficiosas para el fútbol en Granada. Han pasado tres años y las circunstancias son muy distintas. Al menos algo positivo tuvo el conflicto, gracias al parón no desapareció el Recreativo como parecía irremediable en el verano de 1936.

Esa reunión se llevó a cabo el lunes 7 de agosto y de ella salió una comisión para gestionar soluciones ante el importante capítulo económico pendiente (las deudas de los terrenos y de la construcción de Los Cármenes) y otra comisión, ésta deportiva, encargada de confeccionar una plantilla para participar en los campeonatos regionales que darían comienzo en apenas un mes. Los objetivos son en principio modestos para evitar que vuelva a ocurrir lo de antes, cuando el club apenas podía hacer frente al pago de nóminas. A los pocos días un anuncio en la prensa local (Ideal y Patria son los dos únicos diarios) cita en Los Cármenes a todos los futbolistas granadinos interesados, que deben acudir provistos de equipo deportivo completo, a fin de jugar un partido de entrenamiento que sirva para ir seleccionando a los jugadores que integrarán el Recreativo.

La sede del club está en calle San Sebastián 15, en los altos del café Granja Nacional, donde se espera que acudan los interesados en ser socios recreativistas, aunque los que ya lo eran en 1936 sólo tendrán que abonar el recibo del mes de agosto (y los siguientes, claro) a los cobradores que les visitarán a domicilio. Hay hambre de fútbol y ya van varios cientos de nuevos abonados.

Visitantes ilustres

Mientras poco a poco vuelve la normalidad (futbolera y de la otra) y dentro de la crónica ciudadana que -junto a la futbolística- pretendemos que sea objeto de este trabajo, hay que destacar la profusión de visitantes ilustres que se dieron cita en Granada en la primavera de 1939.

A los pocos días de terminada la guerra, Granada recibió la visita del llamado Virrey de Andalucía, el general Gonzalo Queipo de Llano en unión de José Millán Astray y sus muchos remiendos. Ambos participaron en la salida extraordinaria de la Virgen de las Angustias (el segundo, que había venido a inaugurar las nuevas viviendas para mutilados de guerra, sólo participó como espectador al encontrarse algo pachucho) que se celebró el domingo 9 de abril en agradecimiento a la Patrona por haber preservado a Granada de la destrucción de la guerra «y del yugo infernal del marxismo», y en la que participaron todas las autoridades locales y provinciales y también desfiló la banda de música de la Legión.

Después de ser nombrado en la Catedral caballero decano honorario del Cuerpo de Horquilleros de la Virgen de las Angustias, desde el balcón del Ayuntamiento saludó al pueblo una vez terminada la procesión un Queipo ducho en esto de hablar para el público e improvisar frases ocurrentes «…desde esta verdadera casa del pueblo, no casa de bandidos como era antes…». Empezó su discurso alabando las bellezas de Granada y de sus mujeres «…que le quitan el hipo a cualquiera como me lo quitan a mí, a pesar de ser viejo, hasta el extremo de que me han hecho cambiar de nombre y ser, en vez de Queipo de Llano, Que de Llano.» (...) «Habéis pasado una tarde deliciosa con motivo del paseo triunfal de vuestra Patrona por las calles de la ciudad y ahora que venga Queipo de Llano a divertiros, y yo lo hago con mucho gusto». Al día siguiente continuó viaje a distintos pueblos de la provincia y a Almería. Pronto volvió a nuestra ciudad, el 20 de abril, acompañando a Franco en su visita oficial a Granada. Y aún hizo una tercera visita, el 29 del mismo mes, y nuevamente saludó a la población desde el Ayuntamiento aunque en esta ocasión no estuvo tan dicharachero.

Otro ilustre visitante, en su caso sólo como turista, fue el mariscal Petain, el héroe de Verdún, que estuvo en Granada visitando sus monumentos el domingo 7 de mayo y su presencia pasó prácticamente desapercibida para la población.

Y también como turista estuvo en Granada a finales de mayo el Gran Visir del Marruecos español, Sidi Ahmed Gamnia, acompañado de un amplio séquito y luciendo la Laureada de San Fernando que Franco le concedió por su intervención en Tetuán a favor de los sublevados en julio de 1936. 

Franco en Granada

Hasta el mismísimo Franco en persona, brazo incorrupto de Santa Teresa y Guardia Mora nos visitó al poco de terminar la guerra. El 20 de abril de 1939, a las 13,15 horas hacía su entrada en la ciudad el Generalísimo proveniente de Motril, siendo recibido en la Cruz Blanca por el alcalde Gallego Burín. La ciudad entera, engalanada con colgaduras, banderas, mantones, colchas, salió a la calle para aclamar al Caudillo, y hasta se levantó en la Gran Vía, en su confluencia con Reyes Católicos, un arco de triunfo de cartón piedra y con adornos florales. En coche descubierto y acompañado de los generales Queipo de Llano, jefe del Ejército del Sur, Fidel Dávila, ministro de la Guerra, y Martín Moreno, jefe del Estado Mayor, Franco se dirigió al Ayuntamiento y desde el balcón central dirigió unas palabras al gentío que dejaba la plaza del Carmen más pequeña que nunca y que se desbordaba por las calles adyacentes, todo entre reiterados ¡franco, franco, franco!  y cánticos de caralsoles y oriamendis, y entre océanos de brazos en alto. 


Por la tarde, con ritmo frenético, visitó la Catedral y la Capilla Real (siendo aquí cumplimentado, entre otros, por el capellán real Francisco Fonseca, que puede ser el que da nombre al fonsecámetro de Ladrón de Guevara) y después la Alhambra, para bajar a la ciudad y entrar bajo palio en la basílica de la Virgen de las Angustias y sin apenas detenerse continuar con la visita a las casas baratas recién construidas a la entrada de la carretera de la Sierra. Vuelta a los coches que a toda pastilla lo condujeron a la cuesta de las Cabezas, en las inmediaciones del pantano de Cubillas, para visitar las fortificaciones del cinturón defensivo de la ciudad durante la guerra, y de ahí otra vez a Granada, a la casa del Chapiz para visitar la escuela de Estudios Árabes. Otra vez a la entrada de la carretera de la Sierra, ahora para depositar una ofrenda ante la cruz de los Caídos. Por fin terminó su agotadora jornada con una visita a la casa de Falange, en la plaza del Campillo, desde cuyos balcones saludó al gentío que lo aclamaba. Pero no había terminado ahí la cosa, todavía le faltaba recibir en audiencia en su residencia granadina, los salones del Ayuntamiento,  a una comisión municipal presidida por el alcalde, que regaló al Caudillo unos pendientes de oro y esmeralda para su señora y una medalla de nácar y brillantes de la Virgen de las Angustias para su Nenuca. Todavía le quedaba recibir a un grupo de damas granadinas. Acto seguido cenó junto a los generales de su séquito y las primeras autoridades granadinas civiles, militares y eclesiásticas. Por fin, a las 23,15 pudo el Generalísimo retirarse a sus aposentos. Desde luego, no se puede decir que no aprovechara bien el tiempo. A las ocho de la mañana del día siguiente abandonó nuestra ciudad camino de Córdoba.


 

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