Fuera de juego

Covirán Granada, entre la fe y la dignidad

Javier Palma |  |  
9 de enero de 2026
Javier Palma (GRJ)
Javier Palma (GRJ)

El Covirán Granada ha entrado en un callejón sin salida. El adiós de Ramón Díaz era cuestión de tiempo, pero su marcha duele porque refleja el compromiso de quien siente los colores y sabe cuándo ha llegado al límite. Lo suyo no ha sido una renuncia por cansancio, sino un acto de responsabilidad y de amor al club. No es común ver a un entrenador poner su cargo a disposición de la entidad sin esperar el despido y la indemnización de turno. Ramón, que renunció a su exitosa carrera en México, se marcha con elegancia, dejando una lección de dignidad en un deporte cada vez más dominado por intereses personales.

La realidad deportiva, sin embargo, es demoledora: una sola victoria en catorce partidos y el equipo hundido en la clasificación. Soñar con la permanencia en ACB es una cuestión de fe más que de números. Por eso, el club tenía dos caminos: buscar a un técnico experimentado dispuesto a afrontar una misión imposible o recurrir a alguien de la casa, conocedor del vestuario y del entorno, para intentar enderezar el rumbo sin perder identidad. La elección de Arturo Ruiz, ayudante de Ramón Díaz y Pablo Pin, representa precisamente eso: una apuesta por la cercanía y el compromiso local.

El debut no puede ser más exigente, visitando al Barcelona y con la moral tocada tras el bochorno ante Burgos. Pero, en el fondo, hay poco que perder y mucho que ganar. Más allá de los resultados, el nuevo Covirán tiene que recuperar la actitud, la energía y el orgullo. La exigencia es simple: competir, no rendirse y no volver a ser una comparsa.

 

El reto es casi imposible, pero si algo distingue a este club y a su afición es la fe. Fe en que, incluso sin grandes nombres ni presupuestos, se puede recuperar la dignidad y el respeto de la liga. Porque, antes que los puntos, lo que el Covirán necesita ahora es volver a mirarse al espejo y reconocerse.

 
 
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