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VENTANA ROJIBLANCA

El Granada de Benji y Oliver

 
Manuel Albendín | 30 de mayo de 2018

Manuel Albendín (GRJ)

Se cumplen dos temporadas casi completas desde la llegada de John Jiang a la presidencia del Granada CF y el balance se puede calificar de pobre o muy pobre. El actual dueño de la entidad rojiblanca fue presentado en lor de multitudes con la estampa de La Alhambra tras de sí y respondiendo por entonces al nombre de Jiang Lizhang, antes de que europeizara su denominación de origen. En aquel momento, ni el más pesimista de los aficionados del club de Los Cármenes se podía imaginar que en la siguiente temporada estaba por llegar un descenso a Segunda División y que en la posterior a ésta, el Granada decepcionaría rozando por momentos el ridículo, sobre todo y a tenor de su presupuesto, el más alto de la división de plata del balompié nacional.

El mandatario chino, a expensas de sus asesores, prometió la consolidación de la institución granadina en Primera División e incluso la disputa de competiciones europeas apenas tras un par de ejercicios ligueros. Todos soñamos con el Granada de Benji y Oliver, futbolistas de una serie de ficción de dibujos animados de producción japonesa, por tanto también asiáticos como los actuales dueños de la entidad rojiblanca, y que nos encandilaron tiempo ha a través de la pequeña pantalla con su espectacular fútbol y malabarismos con el balón en sus pies.

Visionábamos un equipo rutilante que por fin daría un paso hacia delante en el fútbol profesional y que se consolidaría en el primer escalón del balompié español.

Pero lo que ocurrió durante los siguientes veinte meses, de todos es ya conocido. Además del descenso en la primera temporada y del no ascenso a Primera en la segunda, me quedo con las sensaciones que auguran un futuro poco prometedor al presente Granada CF.

En el deporte rey, siempre tuve la sensación de que los ciclos se repiten. De una parte, grandes temporadas, ascensos y llegada a la cúspide; trayectoria que continúa con un recorrido justamente contrario de caída de nuevo al subsuelo del fútbol. Sirva como ejemplo el desierto de infausto recuerdo para los granadinos, que lamentablemente vieron a su equipo jugar en campos de tierra de Tercera División.

Por supuesto, no quiero parecer pájaro de mal agüero pero el actual Granada se encuentra instalado en una dinámica negativa de juego y resultados que parece empeorar con el paso de los meses de competición, independientemente de la división en la que milite.

El club que representa a nuestra ciudad en lo que a fútbol confiere requiere de un cambio radical, un giro de 180 grados, además de un líder que tome el mando y la responsabilidad. El Granada no tiene una referencia que establezca la lógica comunicación entre entidad y afición, vía medios de comunicación. 

Si además nos adentramos en el análisis farragoso de la planificación deportiva, a todas luces ineficaz, insuficiente y plagado de luces y sombras, insisto, o la planta noble del Coliseo del Zaidín comienza a tomar decisiones que inviertan la actual situación social-deportiva o a lo peor podemos barruntar un futuro, de nuevo tenebroso, que siempre se traduce en resultados negativos y descensos de categoría.

Mientras tanto, el que suscribe estas líneas sigue soñando con un Granada de Benji, de Oliver, de Mark Lenders, de los gemelos Derrick, de Julian Ross y de Ed Warner.  John Jiang, tienes la palabra.

albendin@granadaenjuego.com


 

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