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La Resistencia

Fabián Leyva | 14 de febrero de 2020
Fabián Leyva (GRJ)
Fabián Leyva (GRJ)

“¿Cuánto dinero tienes?”. En el fútbol, como en la vida, es sumamente complejo darse cuenta del momento que estás viviendo. Aún se complica más si el instante es de felicidad. Cuando estamos pasándolo bien solamente nos preocupamos de vivir, de disfrutar: es efímero. Por el contrario, las épocas de bajón suelen quedar más grabadas en la memoria, siendo motivo de reflexión y pesadumbre constante. Nos retroalimentamos de algo que queremos fuera de nosotros mismos.

El Granada de Diego Martínez está pasando por uno de esos momentos que, aunque nos abarrotan de felicidad, no somos capaces de asimilar o procesar del todo. Los nazaríes –recién ascendidos de Segunda División- jugaron el miércoles una semifinal de Copa del Rey ante un equipo que posee más del doble del presupuesto rojiblanco horizontal (más de ciento treinta millones contra casi sesenta). Y no solo eso, sino que ofrecieron, una vez más, un gen competidor que probablemente nunca se ha visto en la historia moderna del granadinismo.

La primera parte, indiscutiblemente, fue para los leones del Athletic Club. Los locales, pese a que salieron con hasta siete jugadores de corte defensivo, se fueron haciendo grandes conforme pasaron los minutos y acabaron arrinconando al Granada a base de ocasiones y una presión asfixiante que apenas dejaba recibir el balón con comodidad a los centrocampistas. Se adelantaron, finalmente, al borde del descanso, con un tanto gracias a un pequeño desajuste defensivo y una jugada polémica en la que se protestó mano de Iñaki Williams. Esto, además del buen hacer de los vascos, volvió a dejar constancia de la solidez defensiva de un Granada que, ante un Athletic echado arriba y arropado por cuarenta y siete mil gargantas, fue capaz de mantener la compostura en –casi- todo momento.

Ya dentro del segundo periodo, Diego Martínez volvió a tirar de pizarra y mejoró la imagen ofensiva del equipo introduciendo una línea de tres centrales en la que Vallejo se ocupó de Iñaki Williams, principal quebradero de cabeza para la zaga del Granada. Pese a intentarlo más que en los primeros cuarenta y cinco minutos, el partido llegó a su fin con un uno a cero que da mucha vida al conjunto nazarí. No es posible saber cómo acabará esta eliminatoria –aún muy abierta para los dos equipos- pero lo que es seguro es que, el cinco de marzo, el Nuevo Los Cármenes va a ser una olla a presión. Ese día, sobre el césped, no importarán presupuestos, historia o la sanción a un jugador tan importante como Soldado. Ese día, ese cinco de marzo, el Granada y todos sus aficionados tienen una cita con la historia, una llamada a ese momento de felicidad que se está prolongando tanto en el tiempo y del que nunca seremos del todo conscientes de estar viviendo. Sí se puede.

@leyvfab

 
 
 
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